SIETE HORAS EN LA HABANA

SIETE HORAS EN LA HABANA

RERE L'ILLA DE SANT JORDI, UN OCEÀ DE NAUFRAGIS


Només Manuel Vázquez Montalbán podia pronunciar un discurs menys triomfalista i autocomplaent sobre el paper de l'escriptor i els hàbits de lectura en un Dia del Llibre. Va ser el 1992, quan va acceptar la invitació d'Heribert Barrera, president de l'Ateneu Barcelonès, a la junta del qual també pertanyia llavors l'escriptor.
No va ser un pregó de Sant Jordi a l'ús, com els que anys després institucionalitzaria l'Ajuntament de Barcelona. Ni tan sols una reflexió literària, sinó més aviat una exposició sociològica i històrica sobre la lectura, amb unes conclusions poc favorables. I és que vendre llibres no vol dir llegir-los ni sembla incidir en el foment de la lectura.
Les dades li donaven –i continuen donant– la raó. Tot i que la Transició va comportar un notable increment de l'oferta editorial i les reformes educatives van fomentar el pensament crític, els índexs de lectura de Catalunya i Espanya es van mantenir molt per sota de la mitjana europea per configurar el que es va anomenar la “paradoxa editorial espanyola”, ja que el cinquè país que més editava era el que tenia un pitjor consum intern.
Davant d'aquesta realitat, Vázquez Montalbán sí que tenia clar que el llibre, fins i tot a l'eufòrica Barcelona olímpica, seguia tenint una funció per complir i seguia sent una amenaça per al pensament únic. Així que, ni que fos seguint una litúrgia social, convidava el seu auditori a sortir al carrer a buscar aquest llibre que donés sentit a la seva vida. Perquè, al capdavall, i segons les seves pròpies paraules, només la religió de paraules que és la literatura té respostes per a tots els silencis. Ramón Álvarez Sánchez a ls vanguardia.

El discurs: 
“Periódicamente se renueva la discusión y la reflexión crítica sobre el índice de lectura en nuestra sociedad asumiendo el hecho objetivo de que nuestra sociedad y en conjunto la del Estado es una de las que tiene el índice más bajo de toda Europa. Esto da pie a reflexiones de carácter pesimista, y un cierto consuelo supondría que en el conjunto del Estado sea Catalunya uno de los lugares que tiene un nivel más alto. Aunque de todas formas esto conduce continuamente a que nos planteemos por qué se lee, por qué se ha leído, por qué se han creado hábitos de lectura.

”Los hábitos de lectura en la etapa moderna, en la que aparece el lector, en la que podemos llamar la sociedad literaria, se producen por tres factores importantes. Uno, la existencia de una burguesía ilustrada que convierte la lectura en un acto de prestigio que imitar generando una implantación social: la aparición del lector que imita esta práctica de prestigio y convierte el hábito de lectura en una forma de demostrar su nivel cultural.

”Desafortunadamente, en España la burguesía ha sido siempre poco ilustrada, no ha sido una clase hegemónica que haya creado hábitos culturales importantes y es precisamente una clase que se ha caracterizado por cierto menosprecio de lo cultural, sin tener en cuenta las excepciones lógicas que se dan siempre en toda regla.

No hemos tenido una política cultural que haya estado al lado de la creación de una auténtica sociedad literaria

”Un segundo factor importante es la democracia como un motor de la inculcación, la transmisión y socialización de la cultura. Desafortunadamente también hemos tenido muy pocas épocas de democracia. Por lo tanto, este segundo factor de inculcación de la lectura también ha estado condenado al fracaso.

”El tercero sería la política cultural, una política de Estado que ha permitido incluso a estados totalitarios índices de lectura altísimos gracias a la inculcación del hábito de leer como una necesidad social, incluso como un instrumento de control social. Pero tampoco hemos tenido una política cultural que haya estado al lado del libro, al lado de la creación de una auténtica sociedad literaria.

”Debido a ello, a veces se ha derivado la sensación y la conclusión de la muerte del libro en una época en la que estamos matando continuamente cosas y hablando de la muerte de Dios, la muerte del hombre, la muerte de Marx, la muerte del libro... Pero sin duda, de vez en cuando, el libro vuelve a dar la sensación de que está vivo, de que tiene una función que cumplir.

El libro aún es peligroso, aún puede transmitir conocimientos críticos v la voluntad de cambiar el mundo

”Yo sólo aportaría tres hechos. Primero: aún hay libros que tienen que atravesar las fronteras de noche. Cuando un objeto de cultura, cuando una creación del hombre, tiene que cruzar las fronteras de noche quiere decir que aún tiene la posibilidad de influir sobre la historia y de cambiar la historia.

”En segundo lugar, el signo fundamental para demostrar que ha llegado el fanatismo, que ha llegado el totalitarismo, aún son las hogueras de libros. Este signo demuestra que el libro aún es peligroso, que el libro aún puede transmitir conocimientos críticos, que aún puede transmitir la voluntad de cambiar la condición humana y de cambiar la condición social.

”Y sobre todo sabemos, especialmente hablando de aquellas personas que no pertenecen a sectores sociales culturalizados, que muchas veces un libro ha cambiado una vida, ha cambiado el sentido de una existencia personal, y por lo tanto, ni que fuera sólo por eso, el libro continuaría teniendo una importancia trascendental.

”Es posible que el hecho de escribir, editar, comprar, leer libros sólo sea una liturgia, una más, dentro de un territorio cultural, sociológico, psicológico específico. Lo que llamamos sociedad literaria. Es verdad que el libro ha perdido el carácter de vehículo hegemónico para la transmisión de memoria, deseo, conocimiento y esperanza.

”No hay duda de que el escritor no puede seguir engañándose a sí mismo y creerse un Prometeo que ha robado el lenguaje a los dioses para darlo a los hombres. Pero cada 23 de abril esta ciudad se convierte en un libro abierto, lleno de libros y flores, y sería mezquino robar a sus ciudadanos la ilusión de formar parte de una religión de palabras que tiene respuestas para todos los silencios.

”Y los ciudadanos miran, tocan y compran los libros como criaturas tiernas y huérfanas que reclaman ser reconocidas y adoptadas. Y nosotros, los escritores, disfrutamos de la condición de reyes por un día, señalados por todo el mundo como si los dedos fuesen mágicos y nos otorgasen la soberanía de un reino sin fronteras y sin malos recuerdos.

Tenemos la ilusión de formar parte de una religión de palabras que tiene respuestas para todos los silencios

”Más vale, por lo tanto, vivir este día, fruto de una antigua complicidad de la gente que aún necesita la alternativa de una realidad reorganizada mediante las palabras, un nuevo orden de la conciencia de sí misma, de los otros y del mundo construido con palabras. Es posible que el 23 de abril sea una isla de autoengaño en medio de un océano donde esperan toda clase de naufragios. Pero sin autoengaños no existirían los sentimientos más nobles ni las sensaciones más generosas.

”Nos tenemos que felicitar también porque existan instituciones como el Ateneu Barcelonés, que también es una isla de cultura. Es decir, de patrimonio y de conciencia, que debe abrir las puertas todo el año y ofrecer un espejo exigente a los ciudadanos y un puente para superar el aislamiento que hoy sufre la cultura crítica. Ésta es la casa de la gente que no lo sabe todo y el libro es la esperanza para la gente que aún no lo sabe todo. El encuentro entre el Ateneu y el libro era, pues, inevitable.

”Y más allá de las palabras y de estas paredes llenas de libros cautivos que esperan la liberación cotidiana del lector tenemos que salir lo antes posible a la calle a comprar libros. Desde el eterno optimismo de que en el interior de uno de estos libros, si no es hoy el próximo 23 de abril o el otro, encontraremos la clave que dará sentido a nuestra vida y a nuestra historia.

”Los libros hacen evidente cuántos velos nos separan aún de la verdad desnuda y quizá forman parte de la necesidad de dar vueltas alrededor de un descubrimiento tan definitivo como irreparable. Salgamos a la calle, nos espera nuestro libro y una rosa que necesariamente será para los otros. Aunque no tengo nada contra el narcisismo y si queréis compraros una rosa para vosotros mismos, llevadla con dignidad como un aviso de solidaridad y de fiesta.” Manuel Vázquez Montalbán, Barcelona 1992.

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