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| Bomberos trabajan en las labores de lucha contra los incendios de la sierra oeste de Madrid |
A la Vanguardia, demostrant una vegada més que la seva versió digital en catala és mer paripé per quedar be, no han tradüit l'article, que el deixo doncs, tal qual l'han publicat en la seva versió en castellá.
"En los últimos días ha surgido una gran polémica en torno a los incendios forestales, sus causas y sus magnitudes. En este sentido, se están vertiendo una serie de falsedades que no sabemos si responden al desconocimiento o a razones puramente partidistas. Lo cierto es que esas falsedades están confundiendo a la población, además de entorpecer la realización de una gestión adecuada de los incendios forestales.
A continuación, vamos a analizar cuál es la situación real, dejando al margen opiniones erróneas o interesadas. Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, en el año 2000 se produjeron 23.574 incendios, que afectaron a 187.567 ha, mientras que en el año 2025 el número de incendios fue 8.199, pero quemaron 354.794 ha. Es decir, el año pasado se produjeron tres veces menos incendios que en el año 2000, pero la superficie quemada fue de prácticamente el doble. Y dado que los medios de extinción materiales y humanos en 2025 son similares o mayores a los que había en 2000, parece evidente que ahora los incendios resultan mucho más difíciles de apagar que hace 25 años. ¿A qué es debida esta nueva situación? Desde diferentes sectores se están aportando una serie de causas, muchas de ellas claramente falsas y demagógicas.
Se afirma que es porque no se permite “limpiar” los montes, palabra por cierto muy mal usada en el caso de los ecosistemas forestales. Pero además es completamente falso. Los tratamientos selvícolas (retirada de madera seca, entresacas, poda de las ramas bajas en los árboles, etc.) no solo están permitidos, sino que están recomendados. Es más, la mayoría de las comunidades autónomas llevan a cabo directamente estos trabajos todos los años en los montes que gestionan. Lamentablemente, se hace mucho menos de lo que se debería, por falta de presupuesto (una sola hectárea de tratamiento selvícola cuesta varios miles de euros), pues la mayoría de los gobiernos autonómicos prefieren dedicar los fondos a actuaciones que lucen políticamente mucho más, como son la construcción de grandes edificios o instalaciones, circuitos de Fórmula 1, toros y similares. De hecho, no se ha “inaugurado” nunca un tratamiento selvícola en un monte. Y los ayuntamientos son aún mucho menos proclives a llevar a cabo actuaciones ambientales de este tipo.
Se afirma que no se deja entrar al ganado a pastar en el monte, lo que reduciría la masa herbácea susceptible de quemarse. Esto también es completamente falso. De hecho, en los últimos años algunas administraciones ambientales precisamente intentan que se meta ganado en los montes que gestionan, especialmente ganado ovino. Sin embargo, a pesar de que se les dan algunas facilidades e incluso ayudas, cada vez resulta más difícil encontrar rebaños para ello, y mucho más difícil aún, pastores.
Se afirma que no se permite extraer leña de los montes. También es falso. En los tratamientos selvícolas que realizan las administraciones, una parte importante del coste se la lleva la eliminación de los residuos vegetales. Por ello, es muy habitual ver apilada leña en los montes, y pasan meses sin que nadie la coja, a pesar de que en el ayuntamiento correspondiente se haya puesto un anuncio de que pueden los particulares ir a recogerla.
Se tratan todas de actividades permitidas en los montes, y simplemente se regulan para que se lleven a cabo de manera adecuada, y evitar así que se produzcan daños innecesarios. De todas maneras, los recientes incendios del oeste de la Comunidad de Madrid han afectado a montes gestionados por la administración regional, donde se llevan a cabo periódicamente tratamientos selvícolas y que cuentan con bastante ganado y una población de herbívoros salvajes. Y a pesar de ello han ardido pavorosamente, con un fuego de copas terrible, sin que los medios de extinción hayan podido evitarlo.
Se habla de que no se hacen cortafuegos, pues bien, tanto las zonas afectadas por los incendios de la Comunidad de Madrid, como la afectada por el reciente incendio de la Sierra Norte de Guadalajara estaban “cosidas” de cortafuegos, habiendo resultado todos ellos totalmente ineficaces, pues el fuego en estos incendios se ha saltado en el momento todos los cortafuegos existentes, incluso algunos de 40 y 60 metros de anchura. Los cortafuegos, además de ser ineficaces, y cada vez más con los incendios a los que nos estamos enfrentando, también suponen un riesgo para las personas, pues pueden dar una sensación de falsa seguridad. De hecho, en nuestro país a lo largo de los años ya han muerto unas cuantas personas al refugiarse en cortafuegos, que luego han sido arrasados por el fuego. Los únicos cortafuegos realmente eficaces son los que se abren en el momento del incendio, en aquellos puntos donde, por las características de ese fuego en concreto, van a ser realmente eficaces.
Lo cierto es que los incendios son cada vez más virulentos, y ello es debido a la subida de las temperaturas, una consecuencia directa del cambio climático que estamos sufriendo. Estos incendios, denominados de sexta generación, se caracterizan por su intensidad y virulencia, siendo capaces de alterar la dinámica de las capas altas de la atmósfera. Esto los hace muy imprevisibles y difíciles de controlar. Tienen su origen en las cada vez más frecuentes y prolongadas olas de calor, con periodos continuados con más de 40 grados durante el día, y noches que no bajan de los 23-25 grados, reduciéndose sustancialmente la humedad ambiente, y favoreciéndose así la intensidad de propagación del fuego, y parece claro que al menos de momento, no estamos preparados para hacerles frente con eficacia.
Para frenar e invertir la actual tendencia, lo primero sería indudablemente el adoptar todas las medidas necesarias para frenar el cambio climático. No obstante, de cara a la gestión directa de los incendios, es necesaria la adopción de una serie de medidas de prevención, y otras de cara a la extinción de los incendios ya declarados. En lo que a la prevención se refiere, es necesario que se gaste mucho más dinero en tratamientos selvícolas, a realizar tanto en los montes públicos como en las fincas privadas. Tratamientos selvícolas que no tengan ningún fin economicista, sino exclusivamente el de incrementar la resiliencia de las masas forestales frente al fuego, y a la vez aumentar su calidad ambiental y biodiversidad. Para ello, es necesario que las comunidades autónomas incrementen sustancialmente los presupuestos dedicados a tratamientos selvícolas, aunque sean poco “vistosos” de cara a las fotos. También debe favorecerse el pastoreo en los montes, pero siempre regulado por parte de los gestores del monte.
El 95% de los incendios tienen su origen en la acción humana, y de estos el 55%-65% son fruto de negligencias y accidentes, mientras que el 20%-35% son intencionados. Por ello, es fundamental actuar sobre estas causas. Sería bastante útil incrementar las sanciones y penas previstas en la legislación para los que los provocan de manera intencionada, pero solo ello no sería suficiente. Deberían prohibirse totalmente las quemas controladas de matorral para favorecer el desarrollo de los pastos, y de restos agrícolas, con independencia de la época del año en la que se lleven a cabo. La subida de temperaturas hace que estas prácticas entrañen cada vez más riesgo, que ya de por sí son causantes de una parte de los incendios que se han venido produciendo en los últimos años. La frase “no jugar con fuego” debería aplicarse a este tema de manera taxativa. Los únicos fuegos o quemas “prescritas” que deben aplicarse, son los que se llevan a cabo durante los incendios para frenar su propagación (contrafuegos), y siempre realizados por bomberos, jamás por particulares.
Bomberos trabajan en las labores de lucha contra los incendios de la sierra oeste de Madrid
Bomberos trabajan en las labores de lucha contra los incendios de la sierra oeste de Madrid EFE
Hay que prohibir totalmente que se construyan viviendas y urbanizaciones fuera de casco, y mucho menos aún dentro de espacios arbolados, dado el riesgo que supone para las personas que las habitan, además de dificultar la labor de extinción de los incendios, al tener que destinar de forma prioritaria a su protección a una buena parte de los medios materiales y humanos.
En cuanto a las medidas de extinción, aunque en las últimas décadas se han incrementado los efectivos, está claro que están resultando claramente insuficientes, frente a unas olas de incendios cada vez más virulentos. Es necesario incrementar sustancialmente los efectivos humanos dedicados a la extinción dependientes de las comunidades autónomas, que son las que tienen las competencias directas en la prevención y extinción de incendios. Y también deben incrementarse bastante los efectivos de la Unidad Militar de Emergencia (UME), así como de las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF), ambas dependientes del Gobierno Central, dado lo útiles que resultan. Es necesario aumentar la disponibilidad de maquinaria pesada, para disponer de ella en el momento del incendio, y poder abrir sobre la marcha cortafuegos donde resulten realmente eficaces.
También se han incrementado los medios aéreos, del orden de un 30% en los últimos 25 años, pero para poder hacer frente a estos nuevos incendios derivados del cambio climático, resultan totalmente insuficientes. Por ello, es necesario aumentar sustancialmente la flota de hidroaviones y helicópteros, posiblemente multiplicando por dos o por tres las unidades actualmente disponibles.
Todas estas medidas son necesarias, y reducirían sustancialmente las pérdidas en nuestros bosques y masas forestales a corto y medio plazo, pero no hay que olvidar que el origen de estos incendios está en el cambio climático que se está produciendo a causa de la acción humana. Por ello, a largo plazo, lo realmente eficaz pasa por adoptar medidas adecuadas para frenar este cambio climático, y no solo para salvaguardar los montes, sino también el medio hídrico, e incluso la vida de las personas. Sin embargo, la gran mayoría de los gobiernos no están por la labor, y prefieren mirar hacia otro lado. No sabemos si estamos o no a tiempo de frenarlo o reducirlo, pero tenemos la obligación de intentarlo".

Muy bueno el escrito, se nota que ha estudio una carrera. Pero en este asunto no me fio, ni de unos y de los otros, si la comunidad de Madrid toma o no toma las medidas necesarias de prevención y se gasta el dinero en toros. Lo que tengo claro es que hace mucho calor, corre mucho aire caliente por Esplugues, se reúne todo para el peligro. Así que toca rezar para que no ocurra.
ResponEliminaSaludos